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Cuando los pies no tocan la tierra, Red Bull X-Alps 2019



CIUDAD DE MÉXICO.

El próximo 16 de junio, 32 hombres pájaro procedentes de 20 países intentarán volar de Salzburgo a Mónaco un trayecto en parapente de mil 138 kilómetros. Atravesar Austria, Alemania, Italia, Suiza, Francia y Mónaco sin morir en el intento y llegar a tierra prometida en el Red Bull X-Alps 2019, una competencia aérea, y en ocasiones pedestre, en la que las pasadas ocho ediciones han sido conquistadas por suizos y en las que sólo el 20 por ciento de los competidores llega a la meta.

El que lo platica es Eduardo Garza, ingeniero regiomontano que vive cerca de Boston desde 2006, quien será el cuarto mexicano en intentar terminar la prueba más difícil que existe en parapente. “Los otros tres no terminaron”.

Ubicado en Tirol, en los Alpes italianos, Eduardo realiza los últimos entrenamientos antes de viajar hacia Salzburgo, listo para iniciar con su equipo esta aventura. “Me acompañan tres personas: uno se encarga de la estrategia aérea, otro de la terrestre y el tercero maneja la camper y se encarga de que todo esté en su lugar. Llevamos ocho meses preparándonos física y mentalmente para esta locura (como le dicen algunos amigos).

"Son mil 138 kilómetros en dos semanas y la única regla es que aquí te las arreglas para llegar. Esta competencia es la más dura en parapente, pues no se cancela por ningún motivo. Puede haber lluvia, viento, turbulencia, frentes fríos o calientes, alta o baja presión o vientos cruzados. Volamos a una altura de cuatro mil metros y nada te debe detener. Y, cuando de plano no se puede volar, tienes que moverte por tierra”, comenta el ingeniero del Tec de Monterrey.

Eduardo descubrió hace nueve años esa “sensación especial cuando los pies no tocan la tierra. Viviendo ya en Estados Unidos buscaba una distracción con mi mamá, quien estaba de vacaciones, y la idea era subir a un globo aerostático. No sé qué pasó, pero terminamos en un ala delta. Es adictivo. Desde entonces viajo a todos lados con un parapente y trato de volar cada vez más alto”.

Explica que “a esta competencia llegan los mejores del mundo. A mí me seleccionaron debido a la experiencia que adquirí en una aventura de 600 kilómetros volando en los Pirineos. De Francia hasta el Mediterráneo en seis días. En 2016 fue décimo lugar y dos años más tarde lo logré en quinto”.

A sus 43 años, Eduardo Garza espera cumplir el sueño de ser el primer mexicano en terminar la odisea por los aires. “De hecho, sólo la han terminado alemanes, franceses, suizos e italianos, que son los que viven en el área de competencia. Y sólo los suizos se han coronado en estas competencias que premian con 10 mil dólares al primero que llega a Mónaco. Fuera de ellos, sólo dos estadunidenses pueden presumir que llegaron hasta el final”.

Se lee fácil, pero –comenta Eduardo- tienes que estar preparado física y mentalmente para no rendirte en el intento. “Insisto, pocos lo logran, y son aquellos que conocen los vientos de los Alpes, donde hay cambios bruscos a 50 kilómetros por hora. Para ellos, los cambios son ventaja más que problema, además de que son todos unos expertos manejando parapentes a más de cuatro mil metros de altura”.

Los días de competencia inician a las cinco de la mañana y terminan a las 22:30 horas. “Tienes que moverte a como dé lugar, volando, escalando, trotando o caminando, siempre guiándote con GPS y comunicándote a cada rato con tu equipo. Tenemos un botón de S.O.S. cuando algo grave ocurre, entonces se aparece un helicóptero para rescatarte”.

Aunque es un deporte de alto riesgo, el pájaro mexicano no ha sufrido lesión alguna. “Aunque aquí se dice que si no te ha ocurrido, tarde o temprano ocurrirá. Tengo amigos con 30 años de vuelo en parapente y no han sufrido lesión alguna. Es cosa de conocer los vientos, la presión y los cambios. Un tanto de aeronáutica y conocimiento de cada una de las montañas que vas experimentando”.

Platica que los parapentes que utilizan tienen un costo de 12 mil dólares y cada competidor consigue sus patrocinadores. “Más que recibir premios en efectivo, es el desafío por terminar la prueba lo que te mueve. No cualquiera puede competir y mucho menos terminar la competencia”.

Para Eduardo son indescriptibles las imágenes que se observan volando a cuatro mil metros de altura en los Alpes. “Vuelas por encima de lugares por los que nadie ha caminado”.

El ingeniero mexicano está a cargo de una compañía de telecomunicaciones en Boston, lo que le da la oportunidad de viajar constantemente por el mundo. “Siempre cargo con mi parapente y aprovecho para volar. Por ejemplo, viajé a Japón, por negocios, y aproveché para volar en el monte Fuji”.

El entrevistado forma parte del equipo mexicano que competirá en el Mundial de Parapente en Macedonia, en agosto. Son tres hombres y una mujer, aunque es otro tipo de vuelo el que se realiza en esta competencia.

Garza está acostumbrado a dormir en el camper o en la montaña. “En competencia tienes que acoplarte a dormir en donde te caiga la noche y estar listo a las cinco de la mañana para seguir tu camino”.

Y, cuando le toca moverse por tierra, Eduardo se acompaña con música de roqueros como Bon Jovi, Def Leppard y Metallica. A ese ritmo se recupera con los pies en la tierra, esperando que los vientos le permitan volver a conquistar las alturas.


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