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El sparring de Nadal; el sueño de Hugo Dellien



CIUDAD DE MÉXICO.

La vida es un viaje en el que nunca se deja de aprender. Son varias las travesías y algunos caminos son más tranquilos; en otros se recorren largas distancias, unos cuantos no requieren equipaje y otros más, como el que ha hecho Hugo Dellien en el tenis, implica llevar el peso de su país sobre sus hombros.

El jugador boliviano de 26 años tuvo quizás una de las paradas más gratificantes de su largo viaje como tenista profesional, el pasado mes de enero, cuando saltó al Rod Laver Arena en su debut del Australian Open. El escenario era inimaginable, independientemente del público, la relevancia del torneo, frente a él tenía al ídolo que desde pequeño veía en la televisión: Rafael Nadal.

"Fue muy especial, un sueño cumplido. Toda la vida luchamos por estar en esos momentos. Hice mi cumplido en un Grand Slam al que nunca había ido. Es muchísimo aprendizaje el que deja estar en momentos a la altura de un jugador como Nadal, que es de lo mejor de la historia”.

Mientras que en Bolivia todos estaban atentos y “lo manejaban como si fuera una final de Grand Slam”, el tenista diestro se repetía constantemente que no era un sueño, sino una realidad. Se repetía una y otra vez que aquel momento que vivió a los 17 años en el que fue sparring de Nadal, tendría un segundo capítulo, ahora como profesional.

"En la segunda semana de torneo, los profesionales buscan a sparring juniors porque los profesionales que quedan son sus posibles rivales y por eso a los 17 años fui sparring de Rafael Nadal”.

En aquel entonces, el Tigre era el número dos del ranking juvenil y estaba en camino a una semifinal del Grand Slam francés en su versión junior. “Fue fuerte para mí porque yo era muy chico y siempre sueñas con estar ahí. Los ves como ídolos, como inalcanzables. Poder entrenar con ellos te genera muchos nervios y ansiedad que prácticamente es lo mismo que me pasó a la hora de enfrentarlo en un partido oficial”.

Hugo salió de la cancha de arcilla parisina en 2011 con una sonrisa en el rostro. En aquel entonces era inimaginable pensar que casi una década más tarde estaría de nuevo compartiendo cancha con su ídolo, pero en circunstancias completamente distintas.

Pero antes de alcanzar ese sueño, de llegar a los más grandes escenarios y disfrutar de jugar tenis, Dellien tuvo que remontar de un largo y tedioso partido que pensaba había perdido. Tuvo que pelear una batalla que lo desgastó en lo físico y lo mental.

En 2016, después de cinco torneos consecutivos sin superar los cuartos de final y cuatro meses de cobrar cheques quincenales de no más de 292 dólares, tocó fondo.

"Se me cayó el único sponsor que tenía y ya no tenía apoyo, y entonces decidí retirarme”.

El joven de 23 años regresó a Trinidad, su ciudad natal en Bolivia, dos sets abajo y dispuesto a regalar el match point definitivo en su trayectoria tenística.

"Estaba cansado de buscarle todo el rato de cómo viajar barato, comer barato, de alojarme en hoteles baratos.Todo el tiempo estar pendiente de eso, porque gastamos alrededor de 100 mil o 120 mil dólares al  año y no podía enfocarme al 100% en el tenis. El viajar solo, sin entrenador, sentía que no iba a llegar a cumplir el objetivo que yo tenía de llegar a estar entre los mejores 100 del mundo.

"Fue un tema económico que no le permitía cumplir su sueño. Se sentía condicionado, de hecho puso una fábrica de hielo en Bolivia”, expresó Eduardo Médica, quien sería su entrenador.

Trabajando en Bolivia con su padre, Hugo asistía, de vez en cuando, a jugar a distintos clubes en su país. Aquel momento de resignación fue también un cambio de perspectiva. Enfrascado en la tediosa vida de un tenista fuera del Top 700 del ranking mundial, Dellien nunca había salido del estadio para apreciar al público exultante que lo acompañaba, o la inmensa joven generación que lo admiraba, menos aún sabía de la nación que en él tanto confiaba.

"Empecé a ir a clubes, a sentir ese reconocimiento. Los niños que me veían como un ejemplo, una luz para poder darse cuenta de que sí se puede, de que los bolivianos pueden llegar a estar entre los mejores del mundo y yo eso no lo veía porque vivía en Buenos Aires”, ciudad a la que se mudó a los 17 años ante la falta de academias de tenis dedicadas al profesionalismo en Bolivia.

"Mi familia, los niños, los bolivianos, todo ese tipo de cosas me hicieron tomar la decisión de volver y me dije: vamos a hacer lo mejor posible y que el día de mañana me retire sabiendo que di lo mejor de mí”.

Para iniciar la épica remontada, Dellien necesitaba bolas nuevas y cambio de cancha. El entrenador argentino Eduardo Medica, con quien había coincidido en el circuito profesional, se cruzó en su camino en ese momento.

"Cuando tomé la decisión de volver, al primero que llamé fue a él (Eduardo) y justamente por cuestiones de la vida estaba disponible. Estaba en su casa en México y le comenté la situación, Él me dijo: ‘vente y después arreglamos lo que tengamos que arreglar’. Fue todo como si estuviera planeado”.

Hugo utilizó el poco dinero que le quedaba en la bolsa para comprar un boleto de avión a Ciudad Obregón, Sonora. El boliviano nunca imaginó que la combinación de Medica y México sería la apuesta indicada para darle la vuelta al partido.

"Edú y su familia me recibieron en su casa, prácticamente era como un hijo más. Edú casi ni me cobraba del trabajo que él hacía conmigo”. Diez kilos de más y con una mala condición física, pasó aquella Navidad y recibió el 2017 alejado de su familia, entrenando día tras día.

"Los primeros días de entrenamiento no podía subir las escaleras de lo cansado que estaba y lo duras que tenía las piernas. Viajábamos 40 minutos de ida y 40 de regreso para ir a jugar. Sabía que tenía mucho potencial, un jugador muy completo y un gran competidor. Trabajamos en lo tenístico, físico y claro, también en lo mental para que él volviera a creer en lo que fue, él fue número dos del mundo junior, hizo finales en Roland Garros, tenía que levantarse anímicamente y creer en su potencial”, relató Medica.

México representó el parteaguas en el renacer de Hugo Dellien. Después de la larga pretemporada de dos meses en Sonora, el boliviano jugó su primer torneo de 2017 a finales de enero. Era el 750 del mundo y la expectativa era baja. Ante todo pronóstico, tuvo un paso sencillo en la qualy para instalarse en el Main Draw. Superó con dificultades la primera ronda y terminó ganando el Futuro 15 mil de Weston, EU.

"Edú, México y esa pretemporada fueron un empujón muy grande. Fue un saltarín que me hizo dar un brinco muy grande tanto en lo físico como en lo tenístico”.

Las cosas sólo mejorarían de ahí en adelante. Ganaría otro Futuro en Suecia, dos en Turquía, uno en Rumania, incluso se coronó en torneos consecutivos frente a su gente en Bolivia. Cerró 2017 como el número 241 del ranking y con ánimos renovados. El momentum continuaría en 2018 y cuando llegó a Roland Garros, su primer Grand Slam como profesional, ya tenía en la bolsa tres Challengers y un par de cheques que le dieron paz.

"La tranquilidad me llegó cuando empecé a jugar los Grand Slams y empezamos a ganar challengers. Ahí empiezo a salir en muchos lados de la prensa y no hay misterio, cuando te haces conocido las empresas te buscan”.

Con el tema económico fuera de la cabeza, Dellien pudo sacarse la espina del zapato y enfocarse en el tenis. Los resultados son frutos del esfuerzo y apenas tres años después de su retiro, la bandera boliviana ya ondea dentro de las mejores cien del mundo.

"Entrar al Top 100 del ranking fue una mezcla de alivio con felicidad, poder cumplir lo que en algún momento vi imposible, lejano y cerrado. Cuando me retiré, el llegar ahí no me caía. Fue todo y fue algo que lo disfruté mucho en su momento, porque me llegó de sorpresa”.

Desde aquella víspera de Año Nuevo en Sonora, cada año ha sido mejor para el tenista de 26 años. En 2018 ganó su primer challenger y jugó su primer major, en 2019 ascendió al Top 100 del ranking mundial, ganando así el partido que ya había dado por perdido.

Pase lo que pase en 2020, para Hugo ya tiene un sabor especial. Empezó con el pie derecho, recordando a ese adolescente de 17 años y cumpliendo el sueño de jugar contra Nadal. Pase lo que pase 2020 será por siempre un año en el que sobre todas las cosas ha aprendido a disfrutar y agradecer de la vida. Hoy no le queda a Hugo más que analizar el camino recorrido y darle las gracias a su Hugo del pasado por dejarse caer, sólo para levantarse con mayor fortaleza.

"En ese año de retiro vi cosas que el tenista en sí no las ve que es la vida normal. Creo que a mi Hugo de aquel año le diría ‘gracias por vivir ese momento, por volver, por disfrutar de ese año a pesar de que fue difícil. De luchar y hacerme saber de que tengo una vida paralela al tenis”.

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