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ECONOMIAS SIN LAGRIMAS




De derrumbarse todo esto, ¿qué haría usted?

 

Frente a lo que vemos y padecemos o, si lo prefiere, lo que vemos y enfrentamos, hay dos posiciones que resumen la visión que de ello tenemos hoy los mexicanos. Una, la que plantea que las cosas van bien o muy bien y la otra, en la que se expone que esto cada día está peor y vamos, sin freno alguno, a una profunda debacle económica y política. 

Al margen de cuál de esas dos posiciones reflejaría de manera objetiva su visión de las cosas, le pregunto: ¿qué haría usted si todo esto se derrumbara, como consecuencia de una próxima debacle de la economía mexicana, la cual no tendría precedente alguno en los últimos 70 o 75 años?

¿Cómo reaccionaría usted ante la pérdida de cientos de miles de empleos formales en un corto tiempo, de aquí a diciembre de este año, por ejemplo? ¿Qué medidas tomaría si, como consecuencia de esa tragedia laboral, la violencia, el crimen y la inseguridad se desataran, prácticamente sin control alguno, en la total impunidad? Es más, ¿qué diría si su posición, respecto a cómo van las cosas, fuera la primera de aquéllas dos?

En caso de buscar responsables, si se llegara a concretar aquella eventualidad, ¿a quién señalaría usted? ¿A los fifís y conservadores quienes, como  ya sabemos —por los dichos del Presidente—, son todos ellos corruptos, perversos, hipócritas y enemigos de la transformación de México?

 

·         Por otra parte, de ser la suya la segunda de aquellas opciones, ¿se habría preparado para la tragedia que señalo en el tercer párrafo? ¿Habría reducido —si no es que liquidado— todos sus pasivos? ¿Habría entrado en una austeridad tal que le habría permitido generar ahorros de tal magnitud como para poder aguantar unos meses sin ingresos?

Por otra parte, está el grave proceso de degradación de la actual gobernación, el cual —a estas altura más que evidente en todos sentidos, muestra ya  estragos en la salud de las finanzas públicas—, además de traducirse en una obsesiva y enfermiza desesperación por tomar recursos de donde fuere, amenaza con descarrilar la operación misma del gobierno Federal.

Hoy, esa desesperación por sacar dinero de debajo de las piedras —que raya en la insania— para sufragar programas y proyectos clientelares cuya utilidad, por decir lo menos, no se ve por lado alguno, muestra efectos negativos que cualquiera puede constatar, pues se encuentran a la vista de todos.

 

·         ¿Qué decir entonces, de un gobierno que no únicamente constata y padece los estragos que su gobernación causa, sino, lo peor, insiste —con un celo digno de mejor causa— en seguir tomando las peores decisiones y enviar mensajes equivocados a todo el mundo, no únicamente a los agentes económicos privados?

¿Qué racionalidad explicaría esa conducta, propia más de desquiciados que de quienes encabezan un gobierno responsable y prudente?

¿Qué objetivo se buscaría concretar? ¿Acaso estamos ante una intención destructiva para que  después –desde las cenizas, como el ave fénix— se salga a rescatar lo que quedase de este sufrido país? ¿Sería posible que alguien, a estas alturas, piense que esa locura sería viable?

Ante el peligro que representa la debacle que se ve venir, repito la pregunta del principio: de derrumbarse todo esto, ¿qué haría usted?

 

 

 

 

 

 

 

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