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La administración de la tragedia

LA TRAGEDIA ES UN FENÓMENO estructural, está compuesto de uno o más orígenes y variantes múltiples –como efectos--, que en el transcurso del tiempo se van ramificando y que como raíces, unas crecen más que otras conformando percepciones visibles al corto, mediano y largo plazo.
Las tragedias tienen diferentes estatus dependiendo del número de afectados y su composición geo referencial en un espacio regionalizado. Es importante comprender esto para entender hacia  dónde vamos y sobre todo, usted lector, qué debe de hacer o qué decisiones tomar.
El manejo de los estratos comprende desde un país hasta una familia y cuando la tragedia invade ambos componentes a la vez se crea una sinergia donde el gobierno debe actuar, diseñar estrategias, tomar decisiones y redirigir esfuerzos constantemente. Pero esto usted ya lo sabe porque lo está viviendo con el coronavirus.
En estos momentos son noticia vieja los programas impuestos por gobierno como el Quédate en Casa y en cambio la fuerte raíz de echar a andar la economía rebasa la disposición gubernamental por más énfasis reglamentaria que imponga al respecto.
¿Qué ocurre?
En medio de las dos líneas de trabajo –del gobierno buscando reducir la infección y de la ciudadanía de aportar recursos económicos a su casa--, hay un limbo que la autoridad no ha podido desentrañar. Ambas estrategias buscan beneficios, pero el fallo principal es la falta de consensos con los afectados en el hogar lo cual es una rama a su vez de la administración de la tragedia.
En otras palabras, la población no ha sido consultada para saber qué quiere con exactitud y ver si sus deseos empatan con lo que quieren administrar las autoridades. Hay suposiciones, que sirven medianamente de referente al momento de la toma de decisiones. Se disloca ese engranaje desde el momento en que no se conoce a ciencia cierta que quiere pues la población en lo general.
Los intereses de gobierno ante una tragedia son muy comunes: demostrar que sus decisiones son las mejores y que por ello recibirán una consideración adecuada y por el otro, el perpetuarse en el poder. Esto es simplista y lógico. Y en el caso de la población su necesidad se ramifica pero en esencia es terminar en tiempo y forma con la problemática que sufren. Se conocen las formas pero no el tiempo y ese es el quid del porqué la gente no hace caso de las consideraciones gubernamentales.
En la administración de la tragedia se abre un espacio en el cual existe un período de indiferencia por parte de la población gobernada en la cual se hacen a un lado, no permean  y no se toman en cuenta las decisiones gubernamentales. Si esto fuera una gráfica hablaríamos de una situación pendular o más bien, de una curva que sube y baja en diferentes segmentos siendo en la primera donde prevalece el sentido de supervivencia, de allí las compras de pánico.
En estos momentos, en el caso de Sonora, ya vamos en la tercera pendiente. Hubo una primera de alerta, desconcierto y aceptación de la problemática con las características conocidas, una segunda de autodefensa-pánico y solidaridad  y vivimos ahora la etapa de la indiferencia que es el vivir en la modalidad actual pero vendrán la cuarta y  quinta etapa.
La cuarta significa una resignación a la muerte como parte de esa normalidad y el crecimiento de un encono, un rencor naciente hacia quienes consideran culpables de su tragedia –que por lo general es gobierno y justificantes sobran—y la quinta versa sobre la venganza, redimensionar el coraje e impulsarlo a otras latitudes que es lo que todo gobierno trata de evitar. Esa misma curva viene acompañada de una calma aparente y el crecimiento al máximo de ese incipiente rencor comentado en la cuarta curva, por no haber cumplido sus expectativas.
Una vez cumplidas las cinco curvas curiosamente y conforme a los estudiosos se regresa a la primera con mayor énfasis en el cuidado de la supervivencia, en el caso de gobierno al sostenimiento del poder y en las familias a preservar su existencia. Y el ciclo, ya transmutado, vuelve a empezar.
¿Cómo se rompe este ciclo?
Efectivamente como lo hace el presidente López Obrador quien se desatendió del tema como autoridad máxima dejando mañosamente la responsabilidad en los dos actores principales: gobiernos locales y ciudadanía “que ya sabe que hacer”, según palabras del Peje lo cual es válido en materia de comunicación externa, pero inválido e impreciso pues pierde credibilidad en el círculo familiar que padece la tragedia.
¿Qué debe hacer usted estimado lector ante esta situación?
Señalar en qué está de acuerdo y en qué no. Mire usted, es cuando la simbología toma forma. Una cartulina pegada afuera de su casa expresando su voluntad es tan fuerte como miles de mensajes enviados en redes sociales, lo importante es expresar su verdad ante lo cual cualquier gobierno deberá de responder. Un moño amarillo, una manifestación de lo que realmente quiere, puede abrumar a cualquier personaje público y obligarlo a que le tomen en cuenta su parecer.
Ha hecho falta ese clinch para que el camino sea el adecuado en esta etapa de la administración de la tragedia pues mientras sigan las decisiones tomadas unilateralmente como actualmente ocurre, no se podrá terminar con la pandemia que ayer mató a 900 mexicanos e infectó a siete mil más.
No hay que ir lejos para conocer los efectos políticos de una mala administración de la tragedia. https://bit.ly/2OKaOCd
¿Voy bien o me regreso?
En fin, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorado en Administración Pública. Es director general de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de CEO, Consultoría Especializada en Organizaciones… Cuando la unión de esfuerzos no es suficiente.
Correo electrónico: archivoconfidencial@hotmail.com
Twitter: @Archivoconfiden


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