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COMO FARSA VIVIMOS AHORA LA HISTORIA EN MÉXICO; MILITARIZA AL PAÍS LÓPEZ OBRADOR

SSSSSSSS… En las postrimerías de lo que se conoció como “La Docena Trágica”, los gobiernos consecutivos de Luis Echeverría Alvarez y José López Portillo (1970-1982), la sociedad mexicana estaba cansada de tanto castigo a las familias, a las empresas, y a la herencia que estaban dejando ese par de irresponsables que dilapidaron el erario a lo estúpido, entregando dinero en efectivo y toda clase de apoyos a las clases necesitadas, dizque para evitar el intermediarismo, lo cual era una completa mentira, porque la estructura permitía una corrupción sin precedentes en el gobierno de la República.

Por eso vino a ser una esperanza para los mexicanos la llegada de Miguel De la Madrid Hurtado, un hombre serio, muy formal, como candidato del PRI, que tenía como lema de su campaña la “Renovación Moral de la Sociedad” y que prometió que su gobierno se enfocaría contra la corrupción y hacia una apertura democrática.

Estas promesas se quedaron congeladas por la inacción y el pasmo institucional ante una de las grandes emergencias nacionales como el terrible terremoto que el 19 de septiembre y días subsecuentes de 1985 destruyó gran arte del Centro de la Ciudad de México y cobró decenas de miles de víctimas. Jamás de repuso De la Madrid de la deuda que contrajo con los mexicanos.

En 1988, al final de su sexenio, el electorado lo castigó duramente al grado de que tuvo que echar mano de la célebre argucia de Manuel Bartlett de que “se cayó el sistema”, cuando en aquel entonces tenía el cargo de Secretario de Gobernación. Esa triquiñuela le arrebató el triunfo al candidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas, quien junto con Porfirio Muñoz Ledo habían fundado el Partido de la Revolución Democrática.  

Además de no tocar De la Madrid Hurtado los privilegios de las clases acomodadas, la empobrecida y harta población siguió sufriendo los estragos de una economía vacilante con un promedio del PIB del 0.3 % entre 1983 y 1988, dirigida por un equipo de jóvenes políticos liderados por Carlos Salinas de Gortari, quien a partir de ese año vino a consolidar el advenimiento de lo que se conoce como período neoliberal, del cual aún nadie puede decirnos cuándo lo dejamos atrás, como  afirma López Obrador y ante lo que el diputado Porfirio Muñoz Ledo  preguntó socarronamente: “¿Y a qué horas salimos del neoliberalismo?”.

Como vimos en aquella época, la lucha contra la corrupción y la Renovación Moral fue un espejismo, una simulación que desde luego le sirvió a De la Madrid para llegar limpiamente al poder y para esconder los verdaderos propósitos de una nueva clase política que había llegado para apropiarse por un buen rato de los destinos del país. En su sexenio la economía cayó del 6.5 % del corrupto JoLoPo al paupérrimo 0.3 %.

Pero lo que nunca le perdonaron los mexicanos a este mentiroso y gris presidente, es que fue insensible al dolor y la tragedia que dejó el terremoto de aquel año y que enlutó a decenas de miles de hogares y que permitiera a su gente hiciera y deshiciera con el erario a través de corruptelas en los renglones de salud, vivienda, empleos; pero principalmente que se expandiera la pobreza extrema que juró erradicar.

La dudosa batalla que está librando López Obrador en un esfuerzo por hacer creer que está cumpliendo su principal promesa de campaña; la insensibilidad, la indiferencia de este gobierno ante los muertos por la pandemia de COVID-19, nunca prevista, y ante los crímenes que comete contra la población la delincuencia organizada, que en conjunto ya rebasan las 100 mil víctimas; la irracional conducción de la economía del país con sus consecuencias como el desplome hasta menos 13 ó 15 puntos del PIB que se espera como resultado de este primer semestre del 2020; el dramático aumento de otros 12 millones de mexicanos en pobreza extrema y la entronización de una nieva casta de gobernantes, quienes traen un clarísimo proyecto transexenal, exactamente igual a lo que ocurrió entre 1982 y 1988, se nos muestran como una bofetada.

Sin duda, aquello de que la historia se repite dos veces; la primera como tragedia y la segunda como farsa sigue siendo una desesperanzadora realidad en México.

SSSSSSSS… La mañanera de ayer lunes con el avión propiedad del Gobierno de México de fondo, lució como un desesperado esfuerzo de López Obrador por distraer la atención de los agudizados problemas que aquejan al país. Pero el tabasqueño es un mago con más de 40 años de experiencia en el negocio de la política y de su chistera aún faltan muchos trucos con los cuales encantar a los pendejos.

Lo más ridículo que dijo fue que el avión debieron haberlo bautizado en lugar de José María Morelos, con el nombre de Porfirio Díaz o Carlos Salinas, por ser un emblema de la prepotencia y la corrupción, palabras más, palabras menos.

De seguro a López Obrador se le recordará más como a Nicolás Maduro o Hugo Chávez, dos charlatanes convertidos en improvisados gobernantes, que se aprovecharon de la ingenuidad del pueblo de Venezuela que ahora sufre miseria, hambre y opresión, más que identificarlo con otros líderes con mayor estatura social y política.

SSSSSSSS… Sube poco a poco de tono sus exigencias la Coparmex al gobierno de la mentada 4T. Ahora no quiere que se realice un periodo extraordinario de sesiones en el Congreso de la Unión en el que es casi seguro se apruebe la compra directa de insumos de salud en el extranjero.

A través de twitter, Gustavo De Hoyos Walter, cabeza de ese organismo, criticó  las adquisiciones directas a agentes extranjeros hechas por el gobierno de México, asegurando que propician  opacidad y corrupción; además acompañó su publicación con una infografía en la que asegura que “los mexicanos merecemos los mejores medicamentos”. En la imagen se pueden ver los rostros de los legisladores a quienes apeló el dirigente de Coparmex, a los que les pidió no legislar al vapor en un periodo extraordinario.

Es cierto que es mejor comprar en México, sin duda, pues se fomenta la generación de empleos y todos lo que usted guste y mande; pero la industria de los medicamentos ha sido en este país un instrumento de abuso excesivo en el entramado de complicidades con el sector gobierno.

Juntos han cometido monstruosidades y es la gente la que han pagado los platos rotos, ya sea recibiendo medicinas de mala calidad compradas por el IMSS, el ISSSTE y los sistemas estatales de Salud a precios altísimos, o bien, sufriendo el desabasto por desavenencias entre las partes, lo cual ha sido el pan de cada día a través de los años.

Pero ello no debe ser excusa para que este gobierno federal haga y deshaga, alejándose de las compras bajo el esquema de las licitaciones, como lo marca la ley, pues aunque repita una y mil veces López Obrador que “ellos son distintos” y que “la corrupción ya se acabó, que ya no es como antes”, la verdad es que seguimos en las mismas.

Se han denunciado clarísimas corruptelas en las que se han visto involucrados desde Manuel Bartlett (caso ventiladores del IMSS) hasta las compras de “semilla-basura” repartida entre pequeños productores agrícolas de Guerrero y otras entidades, entre muchísimos casos más.

Gustavo De Hoyos podría ser un buen proyecto político a mediano plazo y sin duda le abona que se enfrente al gobierno federal, por lo cual no vale la pena que se desgaste en ese tipo de pleitos, pues está muy arraigada en la población la idea de que la industria farmacéutica mexicana ha sido muy abusiva y corrupta. Y eso le perjudica.

SSSSSSSS… Para reflexionar con la seriedad que exige el caso, el tema de la invasión de las Fuerzas Armadas de nuestro país en casi todos los aspectos de la administración pública federal que encabeza Andrés Manuel López Obrador, el cual aborda en su columna Uso de razón de ayer el periodista Pablo Hiriart, colaborador de El Financiero.

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