Los demócratas están encaminados a ganar una mayoría decisiva en la Cámara de Representantes y el control del Senado, tras el resultado de la elección intermedia de este martes que representa un severo repudio a la agenda, y la persona, del presidente Donald Trump, lo cual impondrá límites sobre los últimos dos años de su gobierno.
“Este es un mandato para realizar un cambio grande. Esta noche es el inicio del fin de la era de Trump; mañana empezamos a construir el mejor mundo que seguirá”, declaró el diputado demócrata Greg Casar, presidente del caucus progresista del Congreso.
La frase de la jornada fue “ola azul” (el color del Partido Demócrata), otros usaron “tsunami” o “sismo” para calificar la culminación de la elección intermedia.
Fue una jornada electoral marcada con varios resultados sin precedente: el poderoso gobernador republicano de Texas Greg Abbott fue derrotado por Gina Hinojosa, hija de madre mexicana y padre chicano y ahora será la primera latina en ser gobernadora del estado.
En California, Xavier Becerra, hijo de inmigrantes mexicanos, será el primer gobernador latino de ese estado en 150 años. En Nuevo México, Deb Haaland se convertirá en la primera mujer indígena en ser gobernadora en la historia de Estados Unidos.
En encuestas a boca de urnas, votantes expresaron que el costo de la vida, la ira contra Trump, la corrupción política y la guerra contra Irán están entre las principales razones por las cuales rechazaron al partido del presidente. Eso se manifestó de manera que sorprendió hasta a los republicanos y expertos electorales.
Carolina del Norte y del Sur, bastiones republicanos que Trump ganó por amplios márgenes en su elección presidencial, eligieron senadores demócratas. En Florida una candidata al Senado que se identificó como socialista democrática perdió por sólo dos puntos, en resultados que pocos podrían haber pronosticado sólo hace unos meses.
El estado conservador de Kansas también eligió a un candidato demócrata y predicador metodista como su próximo senador, algo que no había sucedido desde 1932.
En Carolina del Norte, la pediatra Annie Andrews derrotó a Darline Graham, la seleccionada personalmente por Trump para suceder a su hermano, el ultraconservador y antimexicano Lindsey Graham, quien falleció hace unos meses.
En Texas, estado hasta ahora bajo firme control republicano, James Talarico, ex maestro de primaria, derrotó a Ken Paxton, otro candidato seleccionado por Trump y financiado por el hombre más rico del mundo, Elon Musk.
Talarico será el primer senador demócrata de Texas en 30 años.
En Michigan, el ex comisionado de salud pública de Detroit, Abdul el Sayed enfrentó una feroz oposición de Trump y la cúpula de su propio partido por su fuerte apoyo a los derechos del pueblo palestino y su oposición a la asistencia estadunidense a Israel. Aunque aún no se había definido esa contienda al cierre de esta edición, ha servido como un epicentro de la batalla entre los viejos mandos políticos del país y una generación de progresistas.
Los triunfos de los demócratas también fueron nutridos por una creciente participación del voto latino, clave en varias de las contiendas en diversos puntos del país. En Texas, esa comunidad participó en números sin precedente en una elección intermedia.
En entrevistas en el sur de Texas esta semana, políticos y organizadores locales señalaron que las redadas antimigrantes y el comportamiento cruel de las autoridades federales, junto con los temas del costo de la vida, nutrieron la participación electoral de estas comunidades.
Hasta políticos fieles a Trump, como la diputada republicana cubanoestadunidense María Elvira Salazar, quien ganó su relección por un margen cerrado, advirtió al presidente que sus políticas antimigrantes estaban dañando su apoyo entre los latinos.
Lucha contra aliados y milmillonarios
No todo fueron buenas noticias para la cúpula demócrata ya que varios de los candidatos que ganaron esta noche no comparten el consenso del liderazgo centrista de su partido. “Esto se trata del pueblo contra los milmillonarios”, declaró Talarico, quien ahora es el primer demócrata en ganar una curul en el Senado federal por Texas desde 1988.
Candidatos al Senado en Maine, Michigan y Florida también definieron sus contiendas como luchas contra los milmillonarios y sus intentos de “comprar” esta democracia, algo que no comparte el liderazgo que felizmente acepta donaciones de los ricos. Otros no caracterizaron sus campañas como parte de la batalla entre las cúpulas de los partidos. La consigna oficial del candidato demócrata a la Cámara baja por Texas, Bobby Pulido, fue “no por el rojo (color del Partido Republicano), ni por el azul, sino por ti”.
Confrontado por una alta tasa de desaprobación el año pasado, Trump presionó a Texas y Florida para manipular sus mapas electorales y elegir a otros cinco republicanos más. Pero en ambos estados, esos esfuerzos parecieron fracasar por completo, con casi todas esas curules que habían sido dibujadas para republicanos acabando en manos demócratas esta noche.
Al irse revelando los resultados de esta noche, el presidente comentó a The New York Times que “absolutamente estoy dispuesto” a aceptar los resultados de la elección. “Bueno, estoy esperando trabajar con ellos (los demócratas). Probablemente resolveremos algo”.
Fue notable que poco antes y durante meses, el mandatario había calificado a los demócratas de “radicales izquierdistas” y hasta “comunistas” que buscan destruir al país. A la vez, Trump rechazó que esta derrota electoral tuviera que ver con él y que sus partidarios perdieron porque “él no estaba en la boleta”.
Tal vez los demócratas no tendrán ganas de trabajar con él. En declaraciones después de su triunfo, el senador electo demócrata, Jon Ossoff, sentenció que “el pueblo estadunidense ha reprochado la depravación, corrupción e incompetencia del fracasado Trump”.
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